Ushuaia 05 de diciembre 2025.- En el entramado geopolítico cada vez más intrincado del Atlántico Sur, resulta llamativa la propensión de sectores significativos de la dirigencia fueguina a concentrar sus energías en gestualidades simbólicas de impacto político limitado. Acciones que, si bien pueden inscribirse dentro de una política de Estado consistente, permanecen huérfanas de una estrategia más amplia que coloque en el centro la condición de Tierra del Fuego como la provincia con mayor gravitación en la proyección internacional de la Argentina.

La efusiva celebración del secretario de Malvinas, Andrés Dachary, ante un reciente fallo judicial que sanciona a una empresa por utilizar el término “Falklands” en su material de difusión internacional constituye un ejemplo elocuente de esa deriva.

Que Tierra del Fuego representa el enclave geopolítico más relevante del país no requiere mayor demostración. Sin embargo, los desafíos que comprometen de manera concreta la soberanía argentina no reciben el mismo nivel de atención ni generan una agenda de políticas públicas proporcional a su gravedad. Conviene, entonces, enumerar algunos de ellos:1. El incumplimiento efectivo del Acuerdo de 2009 con Chile.

Miles de fueguinos continúan atravesando cuatro pasos fronterizos para acceder al resto del territorio nacional. Se trata de un problema estructural, cotidiano y profundamente lesivo para la integración territorial argentina. Resultaría pertinente conocer las gestiones —si es que existieron— del secretario Dachary ante la Cancillería para impulsar la operatividad de un acuerdo largamente postergado y que lleva 16 años bajo cuatro llaves.

2. La depredación pesquera en la milla 201 y zonas adyacentes.

Flotas extranjeras, particularmente de origen chino, operan de manera sistemática al borde mismo de nuestra Zona Económica Exclusiva, extrayendo recursos de altísimo valor económico y ecológico. Sobre este asunto, que compromete el principal recurso económico provincial, no se advierte una posición clara del gobierno fueguino. Tampoco se registran acciones diplomáticas, reclamos formales o iniciativas destinadas a visibilizar un problema que erosiona la soberanía de manera tangible. ¿O con China existen otros intereses?

3. Las actividades de exploración petrolera impulsadas por Rusia en el mar de Weddell.

La confirmación de operaciones en un área reclamada por la Argentina y regulada por un régimen internacional que prohíbe explícitamente estas prácticas debió activar todas las alertas. No obstante, el silencio de las autoridades provinciales ha sido absoluto; ni una declaración pública, ni siquiera la manifestación mínima que supone un comunicado o una advertencia institucional.

 

Frente a estos desafíos de magnitud estratégica, la exaltación de un fallo judicial por el uso inapropiado de un término geográfico revela una preocupante desproporción entre la escala de los problemas y la naturaleza de las respuestas estatales. La defensa de la soberanía no se sustenta únicamente en gestos simbólicos —por más valiosos que puedan ser—, sino en la construcción sostenida de capacidades: infraestructura, diplomacia activa, presencia marítima efectiva, cooperación regional y políticas públicas consistentes.

Tanto la Argentina como Tierra del Fuego requieren, con urgencia, menos retórica y más estrategia; menos superficie y más profundidad. Mientras se celebran éxitos menores, los asuntos verdaderamente sustantivos permanecen inmóviles, sin atención ni prioridad por parte de quienes deberían encabezar su gestión.