Ushuaia 14 de junio 2025.- En un contexto económico profundamente adverso para millones de argentinos, las dietas de los senadores volvieron a estar en el ojo de la tormenta. Esta vez, por el nuevo aumento salarial derivado de la paritaria legislativa que podría llevar sus ingresos brutos a casi 9,5 millones de pesos. Frente al repudio generalizado, la gran mayoría de los senadores decidió rechazar el aumento. Pero no todas ni todos.
Por Tierra del Fuego, solo el radical Pablo Blanco renunció al incremento. En cambio, las senadoras Eugenia Duré y Cristina López, ambas de Unión por la Patria, decidieron guardar silencio y no presentaron su rechazo al ajuste salarial, que representaría una suba de aproximadamente $500.000 brutos en sus dietas.
El gesto que no fue
La presidenta del Senado, Victoria Villarruel, había firmado un decreto que habilitaba a los senadores a renunciar total o parcialmente al aumento, una medida que permitía al menos mostrar cierto compromiso simbólico frente a una ciudadanía cada vez más desencantada con la dirigencia política.
El plazo para informar la renuncia venció el viernes pasado. Y salvo el bloque de Unión por la Patria –del cual Duré y López forman parte– y dos excepciones más, el resto de los senadores optó por no aceptar la suba salarial.
Desde UP argumentaron que rechazar el aumento “es una medida hipócrita, hecha para la tribuna”, y aseguraron que sus ingresos “de bolsillo” rondan los $4 millones. Pero el malestar social parece ir más allá de tecnicismos contables: en tiempos de despidos, jubilaciones congeladas y una inflación galopante, el gesto político tiene un peso que no puede subestimarse.
Resulta llamativo que ni Duré ni López hayan acompañado esta iniciativa. El silencio y la inacción se convierten, una vez más, en una forma de complicidad con privilegios que parecen cada vez más alejada de la realidad fueguina.
