Ushuaia 10 de junio 2025.- Un 10 de junio de 1945, la Argentina dio un giro histórico en sus calles: dejó de manejarse por la izquierda —como aún se hace en el Reino Unido— para comenzar a circular por la derecha, alineándose con la mayoría de los países del mundo. La medida, formalizada por el Decreto N° 26.965/44 y firmada por el entonces ministro de Obras Públicas, Juan Pistarini, representó mucho más que una simple reorganización vial. Fue, también, un paso hacia la construcción de una cultura de tránsito más segura y uniforme.
Hoy, a 79 años de aquella transformación, la fecha sirve como un recordatorio de la importancia de respetar las normas de tránsito y de reforzar la conciencia ciudadana. Porque más allá de las señales, los semáforos y las reglamentaciones, está lo esencial: proteger la vida de todos los que compartimos la vía pública.
En ese marco, hablar de tránsito también es hablar del crecimiento del uso de la motocicleta en el país. Para muchos, la moto no solo es un medio de transporte ágil y económico, sino también una forma de vida. “La moto es sinónimo de libertad, pero esa libertad sólo cobra sentido cuando va acompañada de responsabilidad”, reflexiona Juan Carlos Más, Gerente Comercial de la División Rodados de Royal Enfield Argentina.
Y es que manejar una moto en Argentina, como en cualquier lugar, requiere más que pasión: exige responsabilidad. La utilización del casco, correctamente colocado y homologado, no es una opción, sino una obligación. Tanto el conductor como su acompañante deben llevarlo, y en este último caso, además, portar un chaleco reflectante con la patente visible.
Detrás de cada viaje en moto hay decisiones que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Mantener la distancia con otros vehículos, respetar la velocidad, no adelantar imprudentemente y adaptar la conducción a las condiciones climáticas no deberían ser simples recomendaciones, sino hábitos inquebrantables.
Royal Enfield, marca líder en el segmento medio y la más antigua en producción continua, recuerda también que el equipamiento adicional —guantes, calzado adecuado, indumentaria técnica— no es sólo una cuestión de estilo, sino una barrera más contra los imprevistos del camino.
La edad mínima para manejar motos, los requisitos legales, y la obligación de contar con el carnet correspondiente, también forman parte de esa estructura de normas que, aunque a veces parezcan burocráticas, existen para preservar lo más valioso: la vida.
Este 10 de junio, más que recordar un cambio técnico en el sentido del tránsito, es oportuno detenernos a pensar cómo transitamos por la vida. Porque cada vez que salimos a la calle, ya sea al volante, en una moto o como peatones, somos parte de una comunidad en movimiento. Y ese movimiento solo será armonioso si está regido por el respeto, la conciencia y la responsabilidad.