Ushuaia 19 de abril 2026.- El deportista fueguino Diego Linares impulsa una nueva expedición extrema con un objetivo que trasciende lo deportivo: generar conciencia sobre la discapacidad, promover la aceptación de la diversidad y avanzar hacia un cambio cultural en la sociedad.
En diálogo con El Cronista Urbano, Linares explicó que la iniciativa está profundamente atravesada por su experiencia personal como padre de un niño con autismo. “En primera instancia, es importante aclarar que no es una enfermedad, es una condición cognitiva”, subrayó, marcando la necesidad de modificar el lenguaje y la forma en que se aborda el tema.
El deportista sostuvo que, si bien en los últimos años hubo avances en materia de inclusión, el desafío es ir más allá. “La inclusión es un paso intermedio, una herramienta. Lo que tenemos que buscar como sociedad es la aceptación y la normalización de la diversidad”, afirmó. En ese sentido, planteó que el verdadero cambio radica en la mirada social: “Que podamos convivir con estas realidades sin juzgar, con empatía y respeto”.
Linares compartió situaciones cotidianas que reflejan ese desafío. Contó que su hijo Arnau, de 10 años, utiliza chupete como forma de autorregulación, lo que muchas veces genera miradas o prejuicios. “Ese tipo de cosas son las que nos motivan a trabajar para cambiar la percepción social”, señaló.
Una expedición con propósito
La propuesta deportiva consiste en una exigente travesía en la Antártida, inspirada en una histórica expedición argentina de los años 60. El proyecto contempla recorrer más de 900 kilómetros en aproximadamente un mes, dividido en distintas etapas.
La idea surgió tras una experiencia previa en el Cabo de Hornos, donde Linares participó junto a otros kayakistas llevando distintas causas sociales. “Aprendimos que eran mensajes muy importantes, pero que se terminaban solapando entre sí. Esta vez decidimos enfocarnos en una sola causa que abarque a todas: la discapacidad en su diversidad”, explicó.
El vínculo con el continente blanco fue determinante. “La Antártida es un lugar que te vuela la cabeza. Ahí sentí que era el escenario ideal para amplificar este mensaje”, relató. Fue en ese contexto donde, junto a su compañero de expedición, comenzó a gestarse el proyecto.
Más que una hazaña deportiva
Lejos de centrarse únicamente en el desafío físico, Linares remarcó que el verdadero esfuerzo está en la vida cotidiana de las familias. “Poner el cuerpo en una expedición es lo que sabemos hacer. Lo más difícil es el día a día de quienes conviven con la discapacidad”, expresó.
Además del mensaje simbólico, la iniciativa también busca dejar un aporte concreto: los fondos que se logren recaudar por encima de los costos serán destinados a instituciones locales que trabajan con personas con discapacidad.
De la inclusión a la aceptación
Para Linares, uno de los conceptos centrales es entender que la discapacidad también está condicionada por el entorno. “Es relativa. Todos podríamos ser discapacitados en un contexto determinado. Y lo más importante es que esos entornos los creamos nosotros”, reflexionó.
En esa línea, insistió en la necesidad de avanzar hacia una sociedad más empática: “No se trata solo de hacer rampas o adaptar espacios, sino de cambiar la forma en que miramos al otro”.
Conciencia desde las escuelas
El proyecto no se limita a la expedición. Como parte de la estrategia de difusión, el equipo comenzará a brindar charlas en instituciones educativas de Ushuaia. “Queremos que el mensaje llegue a las escuelas, que son el corazón de la sociedad. Ahí es donde se puede empezar a construir ese cambio de mirada”, indicó.
Con el acompañamiento de deportistas, profesionales y referentes sociales, Linares apuesta a que esta nueva travesía tenga un impacto mayor que la anterior. “Remar puede ser lo más fácil. Lo difícil es transformar la mirada de una sociedad. Ese es el verdadero desafío”, concluyó.
