Ushuaia 26 de diciembre 2025.– El integrante de la Cámara de Turismo de Tierra del Fuego y presidente de FEDECATUR, Ángel Brisighelli, realizó un balance del presente turístico de Ushuaia y del país, marcado por un contexto macroeconómico desafiante, limitaciones en la conectividad aérea, altos costos y una infraestructura pública que no acompaña el crecimiento del destino. De cara a 2026, advirtió que será necesario tomar decisiones estratégicas de fondo para sostener el liderazgo turístico de la capital fueguina.
En diálogo con Provincia 23, Brisighelli aclaró que el sector turístico no se analiza estrictamente por año calendario, sino por temporadas. “Nosotros pensamos más en temporadas que en años; el año queda partido en el medio de dos temporadas”, explicó, como punto de partida para comprender la dinámica de la actividad.
En ese marco, señaló que la temporada de invierno 2025 estuvo atravesada por un escenario complejo, donde el bajo tipo de cambio favoreció el turismo emisivo, incentivando los viajes al exterior y encareciendo los destinos internos frente a la competencia internacional. “El dólar bajo hacía muy atractivo viajar afuera y nos ponía en desventaja”, sostuvo. No obstante, remarcó que Ushuaia contó con un diferencial clave: fue el único destino del país con nieve asegurada, lo que permitió amortiguar el impacto. “No fue un invierno espectacular, pero tampoco fue malo, se trabajó bien y no hubo grandes problemas”, resumió.
Respecto al verano, indicó que el panorama mantiene similitudes, aunque con una leve mejora producto del ajuste del tipo de cambio, que pasó de valores cercanos a los 1.200 pesos a alrededor de 1.500. “Esa diferencia ayuda; por eso esta temporada terminó siendo un poco mejor de lo que esperábamos. No es excepcional ni la mejor de la historia, pero tampoco es mala”, evaluó.
En cuanto al comportamiento de los visitantes, Brisighelli explicó que no se registraron cambios sustanciales: la estadía promedio se mantiene estable en torno a las dos noches y media, una característica histórica del destino. La ocupación hotelera, en términos generales, es buena, con diferencias entre establecimientos, pero sin situaciones críticas. Sin embargo, reconoció que la cuestión tarifaria sigue siendo una preocupación recurrente entre los turistas.
Uno de los puntos sensibles hacia el verano es la conectividad aérea, especialmente por el cierre del aeropuerto de Río Grande, que trasladará la demanda hacia Ushuaia entre enero y abril. Esto genera incertidumbre sobre la capacidad del sistema aerocomercial para absorber ese flujo adicional. “Todavía no tenemos información clara sobre si Aerolíneas Argentinas va a incrementar frecuencias”, señaló, y recordó que históricamente los refuerzos llegan con cautela y sobre la fecha, lo que obliga a un monitoreo permanente. A esto se sumaron durante el año reprogramaciones de vuelos vinculadas a problemas globales con motores de aeronaves, que también impactaron en la provincia.
Desde una mirada nacional, el presidente de FEDECATUR remarcó las fuertes asimetrías regionales. Destacó que Ushuaia es un destino atípico dentro del mapa turístico argentino, ya que es el único donde hay más turismo extranjero que nacional, con un peso muy fuerte del segmento de cruceros. En contraste, muchos destinos del interior dependen casi exclusivamente del turismo nacional y son los más afectados por el auge del turismo emisivo. “El litoral, Córdoba y el NOA están pasando una situación mucho más compleja que la nuestra”, advirtió, y señaló que el récord de argentinos viajando al exterior y la baja del turismo receptivo configuran un escenario preocupante a nivel país, condicionado por variables macroeconómicas.
Consultado sobre las políticas nacionales, Brisighelli analizó el programa PreViaje y sostuvo que las primeras ediciones fueron decisivas para la reactivación tras la pandemia, mientras que las posteriores tuvieron un impacto mucho menor. En el contexto actual, consideró inviable una reedición del programa y cuestionó la subejecución de fondos destinados a la promoción turística internacional, provenientes del impuesto a los pasajes al exterior, en un momento donde el turismo receptivo se encuentra en niveles bajos.
Otro eje central de su análisis fue el rol estratégico del puerto de Ushuaia, principal puerto de cruceros del país, con más de 500 recaladas anuales. Destacó su importancia para el turismo y para toda la cadena logística y de servicios, pero advirtió que esa posición no es irreversible. “El día que sea más conveniente operar en otro puerto, los cruceros se van a ir”, alertó. Señaló como principal cuello de botella la infraestructura portuaria, especialmente la capacidad del muelle, y el fuerte incremento de costos, con subas de hasta 1.600% en dólares para algunos servicios, que restan competitividad.
Finalmente, Brisighelli fue contundente al marcar que el mayor déficit de Ushuaia no está en la inversión privada, sino en la infraestructura pública. “La inversión hotelera está, hay proyectos de buena calidad en marcha; el problema es la infraestructura que debe proveer el Estado”, afirmó. Entre los puntos críticos mencionó la gestión del aeropuerto en temporada alta, la falta de mantenimiento vial, la situación de la Ruta 3, el acceso al Parque Nacional y el cruce fronterizo de San Sebastián, temas que, según sostuvo, se repiten desde hace años y siguen siendo imprescindibles de resolver para el futuro del destino.