Ushuaia 12 de junio 2026.- En Tierra del Fuego, en el extremo sur de la Argentina, el anuncio del envío transoceánico de la nueva usina eléctrica gestionada por Austral Petróleo Gas y Electricidad S.A. reactualizó un debate sobre riesgos, antecedentes empresariales y dependencia tecnológica con el régimen chino que comprometerá la infraestructura energética de la provincia por décadas. El convenio fue firmado además por Terra Ignis S.A., de capitales locales.
El gobernador Gustavo Melella festejó el anuncio del envío: “Esta obra va a dejar a Ushuaia proyectada por los próximos 35 años con una tranquilidad en la generación de energía muy importante”.
Sin embargo, uno de los mayores interrogantes surge a partir de tratar de entender por qué se adjudicó la una infraestructura energética clave para la provincia a un consorcio cuya trayectoria local estuvo marcada por incumplimientos. Los mismos directivos de Austral Petróleo Gas y Electricidad S.A. encabezaron años atrás el fallido proyecto de Tierra del Fuego Energía y Química, que tras firmar un acuerdo con el gobierno provincial en 2008 concluyó en reclamos judiciales por falta de cumplimiento.
La adjudicación de la usina en Ushuaia y la creciente presencia de capital chino en la matriz energética fueguina ocurrieron sin mayor repercusión pública, formalizadas a través del Boletín Oficial en enero pasado. La empresa, inscripta con un capital inicial de 500 millones de pesos —30.000 acciones para Rainbow International Engineering Xi’an Co., Ltd. y 20.000 para China Rainbow International Investment Co., Ltd., con proyección de quintuplicar el monto—, fijó su sede en el Parque Industrial La Violetas de Río Grande, enclave estratégico para el sector.
La principal advertencia sobre la ya concretada compra de equipos chinos no apunta a una amenaza inmediata, sino a una combinación de calidad, acceso remoto a sistemas y dependencia estratégica de largo plazo que podría dejar sin alternativas a los compradores si China consolida su dominio en ese mercado.
El proyecto contempla la incorporación de una turbina de ciclo combinado -que partió hace pocos días de China- que integra una turbina de gas y un sistema de aprovechamiento del calor residual para alimentar una turbina de vapor, con lo que se busca elevar la eficiencia de la generación eléctrica local. El anuncio prevé una capacidad inicial de 40 megavatios (MW), ampliable a 60 MW, y promete abastecer la demanda en los próximos años. De todas formas, la aparente falta de transparencia en la selección de proveedores y la exclusividad de capitales extranjeros reavivaron interrogantes sobre la autonomía y seguridad de la infraestructura.
Una fuente fueguina consultada por Infobae describió una cadena de vulnerabilidades que va desde fallas por componentes defectuosos hasta la posibilidad de que los sistemas electrónicos sean intervenidos para extraer datos o quedar fuera de servicio en situaciones críticas. La advertencia abarca fallas técnicas, acceso remoto a datos y la presencia de personal extranjero en tareas de mantenimiento, lo que podría traducirse en una dependencia estructural durante toda la vida útil de la planta.
La misma voz enfatizó que no todo equipo chino es necesariamente de mala calidad, aunque existen motivos de cautela. “El primero es la cuestión de calidad y compatibilidad”, señaló, y agregó que podría haber “algún tipo de falla por malos componentes”. No está claro quién es el fabricante de la usina que ya está en viaje, por ejemplo.
El mismo informante, ingeniero, hizo advertencias, además sobre el sistema electrónico: “Siempre existe la posibilidad de que este sistema pueda ser accedido por los chinos para obtener datos o hasta cerrarlo en tiempo de problema o guerra”. Aclaró también: “Eso es algo relativamente remoto, pero siempre hay una posibilidad”.
La dependencia de largo plazo aparece como el riesgo central. “Si esta compra requiere personas chinas de mantenimiento, crea una relación que abre la puerta para que, bajo el pretexto de tener a personas chinas manteniéndolo, haya personas chinas con acceso a esta instalación”, explicó la fuente.
El análisis incluyó el plano geopolítico e industrial. “Por largo plazo estratégicamente, siempre es conveniente no permitir que China domine completamente ningún mercado para ninguna cosa, porque esto da palanca cuando uno necesite ese tipo de componente”.
Las plantas de ciclo combinado modernas dependen de software propietario, sensores inteligentes y redes industriales bajo la tutela del fabricante. Especialistas del sector energético señalaron a Infobae que esto podría obligar a Tierra del Fuego a recurrir durante años al soporte del proveedor original para resolver incidentes complejos o mantener operaciones avanzadas.
Además, la ciberseguridad se ubica como un elemento central. Las centrales eléctricas son infraestructuras críticas ante potenciales amenazas informáticas. Diversas experiencias internacionales muestran que los sistemas industriales pueden verse afectados por vulnerabilidades asociadas a accesos remotos, errores de configuración o software desactualizado. “El hecho de que parte del soporte dependa de conexiones remotas con proveedores en el exterior amplía la superficie de exposición y demanda controles específicos”, apuntó un consultor en seguridad.
La confiabilidad de los componentes y la disponibilidad de repuestos también generan preocupación, sobre todo por la ubicación austral de Ushuaia. Una falla en una pieza clave podría derivar en demoras prolongadas si los repuestos solo se encuentran en China o en mercados asiáticos. “En una ciudad sometida a inviernos largos y con fuerte dependencia de la energía para calefacción, una interrupción sostenida puede tener impacto inmediato en la vida cotidiana”, advirtieron fuentes del sector. Por eso, la existencia de un stock local o acuerdos de provisión rápida resulta tan importante como la calidad del equipamiento instalado.
El clima local, caracterizado por temperaturas bajas y alta salinidad, suma exigencias al equipamiento. Las centrales diseñadas para ambientes templados podrían requerir adaptaciones para operar de manera confiable en escenarios subantárticos.
La transparencia tecnológica es otro punto de debate. El proveedor no siempre coincide con el fabricante de los equipos principales. Para valorar los riesgos, los expertos destacan la importancia de identificar quién produce la turbina, el generador, los transformadores y los sistemas de control, así como los antecedentes y la cantidad de plantas similares en operación.
La cuestión de fondo no radica solo en el origen chino, sino en la trazabilidad, la confiabilidad de los equipos críticos y el nivel de acceso del personal local a los sistemas de control.