Ushuaia 29 de mayo 2025.- En contacto con el Cronista Urbano, el Dr. Adrián Schiavini, doctor en Ciencias Biológicas, investigador del CONICET y referente del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC), expresó su profunda preocupación por el desmantelamiento sistemático del sistema de ciencia y tecnología en la Argentina y alertó sobre el regreso de la presión empresarial para reactivar la salmonicultura industrial en el Canal Beagle.

Schiavini participó de una intervención frente al CADIC en Ushuaia, inspirada en la figura del Eternauta, como forma de visibilizar lo que consideró “una amenaza real y sostenida contra la ciencia, la educación y la cultura en nuestro país”.

“La ciencia y la educación están bajo ataque desde hace un año y medio. Es una política deliberada de marchitarlas, como una planta a la que decidís no regar. Luego te quejás de que se secó sola. Eso es exactamente lo que está haciendo el gobierno con el sistema científico nacional”, denunció.

El investigador apuntó contra las declaraciones de funcionarios nacionales que acusan a los organismos de ciencia de no rendir o ejecutar fondos, asegurando que “es lisa y llanamente mentira”. Contó su experiencia personal: “Tengo un proyecto del programa Impactar cuya rendición fue entregada en noviembre. El proyecto finalizó en mayo y todavía no hay respuesta. Nos piden prórrogas mientras acusan públicamente de ineficiencia”.

Pero para Schiavini, el daño más grave no es el presupuestario sino humano. “Ya se perdieron más de 1.500 trabajadores en el CONICET en lo que va del gobierno. La gente se va porque cobra sueldos miserables y no puede trabajar. Y formar un investigador no lleva meses, lleva años. No se puede reemplazar fácilmente ese conocimiento”, afirmó.

En ese sentido, alertó que hoy no cuentan ni siquiera con fondos básicos para hacer trabajo de campo. “No hay plata para comprar combustible y salir al territorio. Nos empujan a la inactividad, y luego nos acusan de no producir nada. Es un plan para destruir el Estado, disfrazado de eficiencia”, sostuvo, señalando además una peligrosa campaña de desprestigio: “El discurso de que el empleado estatal es un ñoqui ha calado hondo, incluso en sectores populares que se levantan temprano a laburar y terminan creyendo que sus problemas se deben a nosotros”.

Consultado sobre la posibilidad de abrir canales de diálogo con las autoridades, Schiavini se mostró pesimista. “Si cada miércoles gasean y apalean jubilados frente al Congreso y no pasa nada, ¿qué se puede esperar para la ciencia? No veo voluntad de revertir nada”.

El regreso del fantasma de las salmoneras

Además de la crisis del sistema científico, Schiavini advirtió sobre un intento renovado de reflotar la salmonicultura industrial en la provincia. “Es agotador tener que volver a explicar por qué ya se discutió y se descartó esa posibilidad. Pareciera que volvimos a 2018”, dijo, en referencia al contexto que antecedió a la sanción de la Ley 1355, que prohíbe la cría de salmones en el Canal Beagle.

“Esa ley fue producto de un proceso participativo, donde se escuchó a productores, técnicos, científicos y legisladores. Los límites de producción que figuran allí no fueron caprichosos, fueron los que querían los productores en su momento. Volver ahora con el mismo lobby es desconocer esa construcción democrática y científica”, denunció.

Por último, Schiavini insistió en que la sociedad debe defender el conocimiento como parte de su identidad. “La ciencia, la cultura y el arte son formas de conocernos y expresarnos como sociedad. Destruirlas no es ahorrar: es empobrecer a la nación en su conjunto. Y eso también tiene un precio”.