Ushuaia 26 de mayo 2025.- El conflicto entre los profesionales de la salud nucleados en SIPROSA y el Gobierno provincial parece no tener fin. A dos meses del inicio de las medidas de fuerza, el secretario de Organización del gremio, Daniel Romero, lanzó duras críticas contra las autoridades por la falta de respuestas concretas y el constante ninguneo a los reclamos del sector. En contacto con el «El Cronista Urbano», Romero advirtió que el Ejecutivo no solo no convoca a paritarias, sino que además impulsa propuestas que reducen el salario real y vacían de contenido la carrera profesional.

“Parece que la única manera de ser escuchados es estar permanentemente de paro. Pero eso tiene un costo enorme para los pacientes, para la gente que necesita atención en los hospitales y centros de salud”, lamentó Romero. “Lo más preocupante es que mientras más crece la adhesión a las medidas, menos diálogo y menos soluciones ofrece el Gobierno”, agregó.

Romero confirmó que el paro del martes 21 de mayo se enmarca en la negativa oficial de convocar al sector a las paritarias que se desarrollarán en Tolhuin. “Quedamos otra vez afuera. Nos excluyen sistemáticamente, y después aparecen en las paritarias resoluciones que perjudican directamente a los profesionales”, denunció.

Uno de los puntos más sensibles del reclamo tiene que ver con la posible reducción del régimen de dedicación exclusiva, que permite retener profesionales en la provincia a cambio de bloquear la matrícula y asegurar un compromiso laboral de tiempo completo. “Si se concreta la baja del 45% de la dedicación exclusiva, muchas especialidades dejarán de ser viables en Tierra del Fuego. ¿Quién va a venir a Ushuaia o a Tolhuin a trabajar como neurocirujano si no puede sostenerse económicamente?”, cuestionó Romero.

 

Un sistema en retroceso

En su repaso por la evolución del conflicto, Romero recordó que los reclamos del sector profesional llevan casi dos décadas. “Desde el gobierno de Fabiana Ríos hasta hoy, hemos exigido siempre lo mismo: ser incluidos en las paritarias. Pero en esta etapa es más grave, porque se han tomado decisiones que directamente dañan al sistema”, dijo.

Según Romero, la última propuesta del Gobierno —que implicaba subir el básico pero reducir ítems salariales clave— significaba en los hechos una rebaja del salario. “Te dan por un lado, te sacan por otro y cuando hacés la cuenta, cobrás menos. Es absurdo, incongruente y peligroso. Si esta es la política salarial en salud, lo único que genera es más fuga de profesionales”, sostuvo.

 

Promesas vacías y propaganda oficial

Consultado sobre los discursos oficiales de defensa de la salud pública, Romero fue tajante: “Son puramente políticos y propagandísticos. Inauguran obras, anuncian mejoras, pero la realidad es que no sostienen ninguna política concreta que garantice la calidad del sistema”.

En ese sentido, alertó sobre la crisis silenciosa en áreas sensibles como salud mental, oftalmología, otorrinolaringología y otras especialidades que han perdido personal y calidad de atención. “Hay pacientes que deambulan de centro en centro, sin encontrar respuestas. Y eso cuando hay oferta en el sistema público, porque si no la hay ahí, es difícil que la haya en el privado”, advirtió.

Romero también se refirió al impacto del contexto económico y al desarraigo que afecta a una buena parte del plantel profesional. “Entre el 50 y el 60% de nuestros afiliados tiene menos de cinco años en la isla. Muchos pagan alquileres que representan el 40 o 50% de su sueldo. Si no pueden vivir, se van. Así de simple”, remarcó.

Un sistema al límite

“Estamos perdiendo a los profesionales más difíciles de reemplazar. Médicos, odontólogos, bioquímicos… No hay universidades en Tierra del Fuego que los formen. Apostar a que se vayan es condenar al sistema público”, concluyó.

Desde SIPROSA insisten en que el camino para salir del conflicto es simple: convocarlos a paritarias, preservar el régimen de dedicación exclusiva y diseñar una política salarial que permita retener talento. Mientras tanto, el malestar crece, la atención se resiente y los discursos del Gobierno sobre la salud pública se vuelven cada vez más vacíos.