Ushuaia 19 de mayo 2025.- Tierra del Fuego no es un eslogan, ni un casillero fiscal. Es una provincia estratégica, habitada por argentinos que eligen vivir, producir y construir en uno de los territorios más extremos y geopolíticamente sensibles del país. Sin embargo, se opina mucho desde lejos y se comprende poco su complejidad. Por eso, desde la Cámara de Comercio de Ushuaia queremos hablarle tanto a quienes nos miran con respeto como a quienes opinan sin conocer. Porque los mitos se caen con verdades.
La ley 19.640 es un privilegio fiscal
No es un privilegio, es una política de desarrollo territorial creada en 1972 para poblar y consolidar el sur argentino frente a tensiones de soberanía que siguen vigentes. Lejos de ser un anacronismo, es una herramienta estratégica que hoy cobra mayor relevancia por el creciente interés internacional en la Antártida. Esta ley no subsidia inactividad: sostiene empleo, inversión e integración nacional en una provincia que es puerta natural hacia el turismo antártico y la logística polar.
Fue una solución temporal, ya cumplió su ciclo
El desarrollo territorial no tiene fecha de vencimiento. Tierra del Fuego no es un experimento pasajero. Las condiciones que justificaron esta ley siguen vigentes: aislamiento, clima extremo, fronteras sensibles y una economía que necesita previsibilidad. Es una política de Estado que necesita continuidad y ajustes, no eliminación.
Solo ensamblan en galpones vacíos
Quienes afirman eso jamás pisaron una planta fueguina. Acá hay tecnología, inversión, innovación y trabajo formal. Se producen bienes que consumen millones de argentinos. ¿Hay ensamblado? Sí, como en México, Corea o Vietnam: es parte de toda economía industrial moderna. Acá no hay improvisación, hay desarrollo real.
En Tierra del Fuego no se pagan impuestos
La afirmación es engañosa. Según Yalá, en Argentina existen 155 tributos. En Tierra del Fuego se eximen solo cuatro: IVA, Ganancias, Bienes Personales y, en el caso de las industrias, los aranceles de importación. 155 menos 4 siguen siendo muchos. Acá no es Disney: es Tierra del Fuego, con un costo de vida altísimo y una de las tasas de formalidad laboral más altas del país. Pagamos impuestos y sostenemos empleo en blanco en condiciones complejas.
Viven del resto del país
No se trata de vivir de nadie. Se trata de compensaciones estructurales en un territorio con altísimos costos logísticos. El impacto fiscal del régimen fueguino es apenas del 0,22% a nivel nacional. Tierra del Fuego, además, es productora neta de hidrocarburos: aporta más de lo que consume. Las empresas acá pagan cargas sociales completas y los salarios formales se ven incrementados por el adicional de zona. El régimen no subsidia: permite competir en condiciones de enorme desventaja.
Vivir en Tierra del Fuego es un lujo
No es un lujo, es un acto de compromiso. Acá no se vive fácil. Se paga el transporte más caro del país, se depende de una débil matriz energética, se enfrentan condiciones logísticas costosas y se está a miles de kilómetros de los centros de decisión. Para visitar a la familia fuera de la isla hay que pasar por cuatro controles migratorios. Y a pesar de todo eso, elegimos quedarnos, crecer y construir.
Somos insulares, trasandinos, bicontinentales. Habitamos un territorio con una parte ocupada por una potencia extranjera, pero profundamente argentino. No pedimos privilegios, ni subsidios. Pedimos respeto y políticas que reconozcan la desigualdad estructural con la que elegimos competir.
Tierra del Fuego no es un lugar para improvisar. Es una tierra que exige constancia, visión y compromiso. Y eso es lo que ofrecemos.